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Cubanos caídos en Angola (37): José Miguel Ruiz Soto

Ruiz-Soto,-Jose-MiguelRuiz Soto, José Miguel (Rancho Veloz, 8-12-66). Muere el 20-9-84. Había sido llamado al SMG el 8-8-84 y había llegado a Angola el 14-9-84: Menos de un mes de entrenamiento militar y seis días en la guerra, tenía 17 años de edad.

En memoria de Ernesto Dimas López y todos los caídos en la guerra

imagesUna lectora del blog escribe:
Gracias, por hacer este hermoso trabajo, no puedo contener mis lagrimas, y apenas puedo escribirles, de la emoción de haber encontrado el nombre de mi único hermano en esta gran e interminable lista de mártires de Angola. Su nombre, Ernesto Dimas López. Cómo te extraño. Y cuanta falta me haz hecho!!! E.P.D. GRACIAS. YO, TERESSY.

Para ser más explicita, Ernesto Dimas López fallece el día once de enero del mil novecientos setenta y seis (01/11/1976), a las diez y nueve horas. O sea a las 7:00 pm. Aproximadamente, hora de Cuba. Tras pasar diez y siete horas sin servicio medico. Murió desangrado. Por efecto de una bala trazadora que penetró por su rostro y el resto se lo imaginan. Murió en Tandomaselele . (Me disculpan si no lo escribo correcto), o sea en Cabinda, en el paso de Tandomaselele. Tenía 27 años de edad. Y una vida por delante!!!!! Matematico en potencia. Un estudioso incansable. Gran hijo. Gran hermano. Como duele. A pesar de tantos, pero tantos años! !!!!! Gracias. Yo, Teressy.

Y le respondemos:
Desde hace años estamos trabajando en la documentación del listado de los cubanos caídos en Angola. Ernesto Dimas López es el #526 de esa larga lista. Hasta ahora sólo teníamos su nombre, el lugar de nacimiento y la información de que había caído en combate. Ahora, gracias a usted, conocemos otros detalles de su lamentable muerte.

Nuestro objetivo es darle un rostro a cada muerto, ofrecer al menos una mínima información (fecha y lugar de nacimiento, fecha, lugar y causa de la muerte) que honre su memoria, trabajo que, hasta hora, nadie ha hecho. ¿Quizás pueda usted hacernos llegar una foto de su hermano? Mucho le agradeceríamos. Gracias por leernos y compartir aquí sus sentimientos.

Rogelio del Cid

Veteranos cubanos de la guerra de Angola: peor que los perros (2)

Datos de un único municipio de los más de 114 que tiene la isla. Sólo la punta del iceberg. ¿Qué pasa en el resto?

Fachada de la vivienda

En esta “casa” vive la viuda de Jorge Mustelier Martínez, veterano de la guerra de Angola en 1975-1976. La dirección es Calle Indio #9, en el Reparto Mariana de la Torre, Santiago de Cuba. Jorge Mustelier pidió ayuda para mejorar sus inhumanas condiciones de vida a la ACRC, al gobierno local y a los “gloriosos” generales Raúl y Fidel Castro, pero murió a los 63 años sin haber recibido jamás una respuesta.

Detalle interior.

Investigación de Aplopress http://www.aplopress.com/
Reproducida por Café Fuerte http://www.cafefuerte.com
Para más información: Walter Clavel Torres, Sub-Director APLOPESS
walterct22@yahoo.com/ Teléfono: 53-52613081

El desastre de Cassinga (5)

Imagen de Gaetano Pagano

Una periodista cubana, Ivette Leyva Martínez en su blog “La última guerra”, se refiere así a las fotografías que, tomadas por Gaetano Pagano, le dieron la vuelta al mundo:

Las fotos de Pagano se convirtieron en una formidable arma propagandística de la SWAPO. Las aseveraciones sudafricanas de que Cassinga era un campamento de entrenamiento militar perdieron credibilidad ante la opinión pública y prevaleció la versión namibia de que se trató de una masacre contra un campamento de refugiados, no de combatientes. En Namibia tras la independencia se declaró el Día de Cassinga, fecha que se ha convertido “parte del mito fundacional de la nación”, como apunta el historiador Gary Baines. En 1995, recuerda Baines, el presidente Sam Nujoma llamó a combatir “la campaña de desinformación dirigida a convencer a la opinión pública de que Cassinga servía como cuarteles generales del PLAN y que las víctimas eran combatientes armados”.

Más allá del horror que causan las imágenes de cientos de cuerpos enterrados en dos fosas comunes, de mujeres y niños abatidos por la metralla, hay detalles que no pueden obviarse.

Cassinga no era lo que habitualmente consideramos un campamento de refugiados. Personalmente me consta que era una base de operaciones donde convivían indiscriminadamente, guerrilleros adultos, mujeres y niños, lo que era una práctica común entre los grupos étnicos que componían el PLAN. Es simplista arrojar toda la responsabilidad por la muerte de civiles sobre los soldados sudafricanos. Quien ha estado en una guerra o quien alcance a imaginarse sus horrores con imparcialidad, sabe que una mujer, un joven o un niño con un arma en la mano, es capaz de matar o herir a quien considere su enemigo y se convierte, a su vez, en blanco de ese enemigo. Tampoco se va a la guerra con los hijos a la espalda.

La miopía de la ONU parece a estas alturas un mal incurable; la imagen que cada día nos proyectan los medios de comunicación parece cada vez más la de un mundo virtual sin muchos puntos de contacto con la realidad. Cassinga no fue la excepción.

El desastre de Cassinga (4)

Niños soldados, demasiados en una guerra sin escrúpulos.

En el plano militar la Operation Reindeer marcó un referente en las siguientes acciones del SADF en Angola; durante años los militares sudafricanos celebraron en el Cassinga Day la ejecución de una exitosa operación y una de las más sangrientas jornadas de la guerra. En el plano político, en cambio, fue un desastre para el gobierno de John Vorster. Ellos esperaban que la SWAPO, los cubanos y los angolanos minimizaran las noticias del ataque, pero lo que sucedió fue exactamente lo contrario.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, mediante la Resolución 428, condenó el ataque a lo que llamó “refugee camp”. La Cruz Roja Internacional ratificó que era un campamento de refugiados.Tras su independencia, el gobierno de Namibia instauró el Día de Cassinga en recordación de las víctimas de la masacre. La Comisión de Verdad y Reconciliación instaurada en la RSA en 1998 concluyó:

It is clear that from the SADF’s perspective, Kassinga was a military facility rather than essentially a refugee camp or refugee transit facility, as SWAPO has always claimed. The photographic evidence shown to the Commission at the SADF archives suggests a military dimension to the camp. This cannot, however, be taken as conclusive evidence that Kassinga was a military base. In the context of the ongoing war in Angola, some defensive fortification of any SWAPO facility, whether civilian or military, would have been standard practice.

Un somero resumen sitúa los fallecidos en el ataque en 150 soldados cubanos –otras fuentes hablan de 120-, 4 soldados sudafricanos y más de 600 bajas del SWAPO, incluyendo 167 mujeres y 298 jóvenes y niños. Las fuentes sudafricanas consideran que la mayoría de esas mujeres y menores de edad, eran combatientes del PLAN. El gobierno de La Habana no ha dado nunca una cifra oficial de bajas para ningún combate, tampoco para el de Cassinga. Algunos historiadores pro-cubanos como Piero Gleijeses, hablan de 96 bajas entre muertos y heridos.

La mentira y las medias verdades: desmontaje de un mito (2)

El pie de foto dice: Los pequeños pioneros, integrantes de las FAPLA, dieron un ejemplo a los pueblos de Africa en la lucha contra el agresor. Así glorificaba la aberrante presencia de niños soldados en los campos de combate. Un acto condenable y condenado internacionalmente era presentado como un acto loable en aras de la patria.

The caption reads: Small pioneers, members of the FAPLA, gave an example to the peoples of Africa in the fight against the aggressor. So glorify the aberrant presence of child soldiers in battlefields. An act was internationally condemned and sentenced presented as a praiseworthy act in the interests of the country.

La herida del “Diamante de sangre” vuelve a abrirse

Una visita al corazón de la producción de estas piedras preciosas en Angola revela que la industria sigue contaminada por la violencia

Por Michael Allen, Cafunfo, Angola
The Wall Street Journal

En teoría, Angola es la cara de la campaña global para evitar que los “diamantes de sangre” entren a las joyerías del mundo.

La presión internacional contribuyó a poner fin a una despiadada guerra civil hace 10 años al arrebatarles a los rebeldes la posibilidad de intercambiar diamantes por armas. Angola es hoy en día el miembro líder del llamado Proceso de Kimberley, un sistema de certificaciones estándar en toda la industria para prevenir el comercio de diamantes en bruto por parte de grupos insurgentes. Actualmente, Angola es el quinto productor de diamantes del mundo por valor, y sus piedras preciosas son muy cotizadas por su tamaño y pureza.

Sin embargo, una visita al centro neurálgico de la minería de diamantes de Angola es suficiente para ver que todavía se derrama mucha sangre sobre esas gemas. En la indómita selva al nordeste de Angola, prevalece una violenta economía en la que miles de mineros campesinos se ganan la vida a duras penas buscando diamantes con palas y tamices. Dado que carecen de los permisos del gobierno, los mineros y sus familias cuentan que con frecuencia son torturados y presionados a pagar sobornos por soldados y guardias de seguridad privados que, en casos extremos, incluso llegan a matar.

Esta clase de violencia, que ha sido reporteada en los medios de Zimbabwe, amenaza con desbaratar el Proceso de Kimberley. Los minoristas de diamantes no pueden permitirse más publicidad negativa sobre piedras contaminadas. Pero muchos de los países productores de diamantes en África parecen reacios a tomar medidas para garantizar el respeto de los derechos humanos en la industria.

En los círculos mineros de Angola abundan las confrontaciones. En una entrevista con The Wall Street Journal, Linda Moisés da Rosa, de 55 años, denunció el asesinato de sus dos hijos, ambos mineros de diamantes. En septiembre, cuenta, soldados angoleños se presentaron en una gran mina cerca de aquí, para ahuyentar a los excavadores. Cuando algunos se rehusaron, relata Moisés, los soldados derrumbaron la mina, enterrando vivos a unos 45 hombres, incluido su hijo Pereira Eduardo Antonio, de 21 años. “Esos muchachos fueron testarudos”. Además, cuenta que los soldados dijeron que las muertes “servirían como lección para cualquiera que se le ocurriera venir a excavar de nuevo”.

En febrero, recuerda Moisés, su hijo mayor, Tito Eduardo, de 33 años y el único sostén de la familia, se metió en una pelea con unos guardias de seguridad en otra mina. Según ella, los guardias habían accedido a que los excavadores locales cribaran la gravilla en busca de diamantes a cambio de unos US$30 al día. Los guardias acusaron a su hijo de no pagar el soborno, y cuando éste respondió, dice, “lo mataron con un machete”.

Las autoridades militares no quisieron hacer comentarios para este artículo. El secretario de Estado para los Derechos Humanos de Angola, António Bento Bembe, culpa a la guerra civil de 27 años de su país por el clima de abuso imperante. “Sé que ocurren muchos casos como este, y sé de muchos otros de los que aún no ha escuchado”, dijo en una entrevista en Luanda, la capital de Angola.

La situación ha arrastrado el Proceso de Kimberley a su mayor crisis en su breve historia. Pactado por 75 países en una época muy sangrienta en el continente africano, el sistema fue elogiado al principio por su compromiso con los derechos humanos. Grupos rebeldes se habían hecho con el control de las regiones productoras de diamantes de Angola, Sierra Leona y la República Democrática del Congo, y utilizaban las piedras preciosas para financiar las guerrillas. Ante una pesadilla de relaciones públicas, las compañías de diamantes del mundo acordaron que comprarían sólo los diamantes en bruto que fueran certificados por gobiernos internacionalmente reconocidos. El Proceso de Kimberley asegura que más de 99% del comercio mundial de diamantes en bruto es “limpio”.

Sin embargo, los detractores argumentan que hay un gran vacío en esa definición, ya que no toma en cuenta las violaciones a los derechos humanos que cometen los propios gobiernos. “El Proceso de Kimberley les cerró el grifo a los rebeldes, pero al mismo tiempo legitimó a los gobiernos corruptos que abusan de su pueblo”, dice Rafael Marques, activista que ha trabajado mucho tiempo en el nordeste de Angola.

A su vez, los joyeros empiezan a temer que la mala publicidad ahuyente a los consumidores. Matthew Runci, presidente ejecutivo de Jewelers of America, un grupo de la industria que representa a joyerías como Tiffany & Co, dice que el Proceso de Kimberley debería encontrar la manera de incorporar la supervisión del respeto a los derechos humanos en sus países miembros o invitar a una organización independiente para que lo haga por él. “Es fundamental que la confianza del público en los diamantes se mantenga en un nivel alto”, dice. Una vez que un diamante ha sido tallado y pulido, es prácticamente imposible que el cliente pueda determinar el país de origen.

Cecilia Gardner, una ex fiscal de Nueva York, que se desempeña como asesora legal del Consejo Mundial del Diamante, dice que el Proceso de Kimberley es una organización voluntaria y no está equipada para poder garantizar la protección de los derechos humanos. “No tenemos un ejército, no tenemos una fuerza policial”, señala.

Las raíces de los problemas actuales de Angola con los diamantes tienen que ver con la geología. A diferencia de Botswana y Sudáfrica, donde grandes multinacionales utilizan maquinaria pesada para extraer los diamantes de profundas fosas, la mayor parte de las reservas de diamantes de Angola está en depósitos aluviales, es decir, que las piedras han brotado de la tierra y han sido esparcidas por los alrededores. Cualquier persona armada con una pala y un tamiz puede recogerlas, por lo que a las grandes mineras les resulta difícil quedarse con ellas. Más de un millón de personas en todo el mundo se ganan la vida con esta minería artesanal en los depósitos aluviales, incluidos unos 10.000 en Angola.

Para absorber esos diamantes, el gobierno autorizó a compradores internacionales para que se establecieran en el país. El gigante estadounidense Lazare Kaplan International Inc. se convirtió en una parte integrante del área, al firmar un acuerdo técnico con Angola para abrir puestos de compra. Pero el pacto expiró en 2008, cuando los precios de los diamantes colapsaron en todo el mundo, y ahora Lazare Kaplan está reduciendo sus operaciones en Angola.

Su retiro dejó un campo abierto de oportunidades para otros compradores. Para Ahmad Mouein, un comprador libanés, se trata de un gran momento para el negocio pese a la recesión en el mercado de diamantes. “A veces un excavador puede venderte una piedra de US$500.000 por unos US$5.000 o US$10.000”, dice asombrado. Según él, el Proceso de Kimberley no ha logrado su objetivo primordial de acabar con el contrabando. “Con Kimberley o sin Kimberley, amigo mío, por el diamante, todo vale”.