El desastre de Cassinga (5)

Imagen de Gaetano Pagano

Una periodista cubana, Ivette Leyva Martínez en su blog “La última guerra”, se refiere así a las fotografías que, tomadas por Gaetano Pagano, le dieron la vuelta al mundo:

Las fotos de Pagano se convirtieron en una formidable arma propagandística de la SWAPO. Las aseveraciones sudafricanas de que Cassinga era un campamento de entrenamiento militar perdieron credibilidad ante la opinión pública y prevaleció la versión namibia de que se trató de una masacre contra un campamento de refugiados, no de combatientes. En Namibia tras la independencia se declaró el Día de Cassinga, fecha que se ha convertido “parte del mito fundacional de la nación”, como apunta el historiador Gary Baines. En 1995, recuerda Baines, el presidente Sam Nujoma llamó a combatir “la campaña de desinformación dirigida a convencer a la opinión pública de que Cassinga servía como cuarteles generales del PLAN y que las víctimas eran combatientes armados”.

Más allá del horror que causan las imágenes de cientos de cuerpos enterrados en dos fosas comunes, de mujeres y niños abatidos por la metralla, hay detalles que no pueden obviarse.

Cassinga no era lo que habitualmente consideramos un campamento de refugiados. Personalmente me consta que era una base de operaciones donde convivían indiscriminadamente, guerrilleros adultos, mujeres y niños, lo que era una práctica común entre los grupos étnicos que componían el PLAN. Es simplista arrojar toda la responsabilidad por la muerte de civiles sobre los soldados sudafricanos. Quien ha estado en una guerra o quien alcance a imaginarse sus horrores con imparcialidad, sabe que una mujer, un joven o un niño con un arma en la mano, es capaz de matar o herir a quien considere su enemigo y se convierte, a su vez, en blanco de ese enemigo. Tampoco se va a la guerra con los hijos a la espalda.

La miopía de la ONU parece a estas alturas un mal incurable; la imagen que cada día nos proyectan los medios de comunicación parece cada vez más la de un mundo virtual sin muchos puntos de contacto con la realidad. Cassinga no fue la excepción.

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